Por ANGEL ANTONIO RODRIGUEZ
01 Sep 2008
Quedan pocos, muy pocos
Desde los tiempos de Ambroise Vollard o Daniel Henry Kahnweiler hasta hoy, entre la pasión, la devoción y la ambición, han sido muchos los galeristas que protagonizaron el universo artístico. Pero quedan pocos, muy pocos marchantes heroicos.
En la actualidad coexisten galeristas diversos, de escasa autencidad. En los grandes ruedos, el galerista que más abunda es un hombre o mujer de buena familia y excelente colchón económico que entra en el ‘star system’ como un elefante en una cacharrería, sin conocimientos profundos de la causa. Ni falta que les hace. Son personajes con dotes protocolarios que, con el tiempo, logran atraer a artistas en racha, hambrientos y dispuestos a colaborar.
En otros casos el galerista hereda una afición familiar y trata de enfocar su programación hacia los nuevos tiempos, estableciendo lazos con el poder mediático, político y financiero. Tampoco éstos precisan grandes estudios artísticos o pasiones, sólo unas correctas tragaderas y dotes para el comercio. Serían igualmente aptos para otros ámbitos mercantiles, como la venta de automóviles o la distribución de embutidos. Tienen la vida resuelta, vaya. Esta actitud es fundamental, por ejemplo, para participar en las ferias de arte, donde las normas de comportamiento, aunque no están escritas, son suficientemente conocidas.
Y hay otros que, a mi juicio, merecen más la pena. Por un lado, quienes ejercen como empleados de los anteriores, en grandes galerías, sufriendo la ignorancia de sus jefes y obligados a estimular su interés artístico al margen del lugar de trabajo. Por otro lado, los galerístas de espíritu; esos empresarios entusiastas que, partiendo de cero, arriesgan su dinero, su sudor y sus horas para proyectar artistas casi desconocidos, ayudándose mutuamente en esa ingrata tarea de abrir mercado. En ocasiones, incluso se combinan estos últimos dos casos. Entonces nacen excelentes espacios para la reflexión, la difusión y la venta de obras de arte. Objetivo difícil, pero no imposible.
13 Ago 2008
Dificultades emergentes
En las artes visuales emergentes de los últimos quince años priman, como sabéis, el eclecticismo y la fusión de disciplinas. En Asturias, ese arte joven ha podido analizarse cada temporada en distintos espacios.
El arte incipiente debe ser, por definición, impopular. Pero España está viviendo un fenómeno en sentido contrario, a raíz del estado del bienestar, la proliferación de nuevas vías de enseñanza y la creación de grandes espacios y programas dedicados al arte contemporáneo. Ese nuevo panorama ha hecho aumentar el número de creadores que pretenden entrar en este difícil mercado, que no suele ser justo, ni por exceso ni por defecto. Así, la genialidad suele caminar de la mano de la mediocridad, con el beneplácito institucional y la imperiosa necesidad de fomentar coleccionismos capaces de romper el talante conservador que aún perdura en la cultura nacional.
En Asturias, la situación de los artistas emergentes, pese a las evidentes mejoras que ha vivido nuestro circuito, es complicada. La mayoría se ven obligados a elegir entre una mediocridad de estética conservadora y una posmodernidad mal entendida, bien vista por ese creciente esnobismo que acecha al arte supuestamente innovador. Los jóvenes credores asturianos, no sin dificultades, han tenido vías para mostrar su potencialidad y contrastarla con otras. La labor de la sala Borrón y del Instituto de la Juventud (Conseyu de la Mocedá especialmente) ha sido positiva. También la Fundación Municipal de Cultura de Gijón, aglutinando múltiples discursos y fomentando trayectorias aún incipientes para plantear aquí un análisis historicista. Y desde hace siete años, la Semana Nacional de Arte Contemporáneo AlNorte, que hoy lidera estas iniciativas de apoyo al arte emergente. Las becas a la creación, la proliferación de otros certámenes y premios y la reciente creación de LABoral Centro de Arte deberían augurar un dinamismo creciente en años venideros.
Pero, además, es imprescindible mejorar nuestro ámbito docente. En este sentido, se ha abierto una importante polémica estos días en la Escuela de Arte de Avilés, a raíz de este artículo publicado en nuestro periódico (http://www.elcomerciodigital.com/aviles/20080805/aviles/escuela-arte-20080805.html).
Las cosas siguen siendo, pues, muy complicadas.
31 Jul 2008
De genios y camelos
La gran encrucijada del juicio crítico, en nuestros días, es habitar los lindes de un duro análisis diario que batalla entre obras verdaderas y banales estafas. Por eso, la pasión por el arte nos suele obligar a discutir con extremistas de toda índole, desde aquellos ignorantes que consideran absurdo el ejemplo del cubismo hasta quienes hacen dogma de fe de una mediocridad posmoderna, disfrazada de símbolos, futilidades, "arte-por-el-arte", énfasis juvenil y argumentos sin orden ni concierto. Dura batalla la del analista, que con frecuencia agota fuerzas y sentidos.
Pero la cosa no es nueva. Hace décadas que las artes visuales se desviaron hacia terrenos donde una crítica basada únicamente en la estética no tiene sentido. Ya a principios de los sesenta, Greenberg se preguntaba por qué el expresionismo abstracto atraía tantos imitadores o por qué algunos líderes del movimiento estaban copiándose a sí mismos. La palabra ética es tremendamente importante, aquí y ahora. Ética y estética, bajo el denominador común de la honestidad y el trabajo, no son nada frecuentes.
Partiendo del conocimiento de la historia y el momento actual, es decir, obviando inútiles discusiones acerca de caducas dicotomías (figuración/abstracción, calidad/mercado...) hay personas que distinguen bien el genio del camelo. No parecen ser muchos, habida cuenta las reacciones de galeristas, críticos, jurados y espectadores en las diversas ferias internacionales de arte, los debates o las inauguraciones cotidianas de nuestra amada periferia astur, donde la tontería continúa marcando las tendencias al uso.
Recientemente, Arturo Pérez-Reverte aludía la Feria de Basilea denunciando ese todo vale tan vacuo que nos acecha. “A lo mejor” -decía- “es que no se hacer mis propias performances. O que soy un reaccionario y un cabrón, y cuando me dicen que tan artista es Duane Hanson com Boticelli, o que un bosque envuelto en papel albal por Christo es tan fundamental en la historia de la cultura como el pórtico de la catedral de Reims, me da la risa locuela”. Pérez-Reverte, que a pesar de su sugerente ritmo narrativo no es santo de mi devoción, sabe muy bien de que está hablando. Es consciente de que nunca fue tan difusa como ahora “la frontera entre el arte y la gilipollez”.
27 Jul 2008
Querido público
Las estadísticas sobre la lectura en España son poco esperanzadoras y, sin embargo, cada vez se publican más libros. Las causas de esas desavenencias son complejas; quizás los sociólogos sepan desvelar sus misterios. Debe ser algo parecido a lo que ocurre con los periódicos, donde la mayoría de las personas que afirman leerlos sólo mira los titulares.
En el ámbito artístico, como en otros asuntos de interés minoritario, la cosa es aún más complicada. El concepto de público artístico es tremendamente impreciso, ya que designa una realidad diversa, variable y difícilmente definible.
En la historia del arte ha habido varios momentos significativos en este sentido. Uno se produjo tras la aparición del grabado, que a partir del XVII permitió mayor movimiento de las obras a precios asequibles. Otro, como sabéis, en el XVIII, con la aparición de los salones de pintura y de algunas colecciones privadas, que incrementaron el contacto entre el público y los artistas. Éstos comenzaron a tener problemas mutuos tras la llegada del impresionismo, en pleno siglo XIX, con esa “impopularidad” propia del arte contemporáneo, que aún perdura.
Ya en el siglo XX, la cantidad de público que acudía a las exposiciones más conservadoras siempre multiplicó por diez a los amantes del arte actual. En el último cuarto del siglo XX y hasta nuestros días, pese a los cambios evidentes, el espectador se alejó más de la esencia de las obras y se acercó más a otro concepto: el espectáculo.
Los galeristas distinguen bien entre "público" y "clientes"; éstos últimos tienen el poder adquisito, pero suelen ser los menos interesados en la obra expuesta. Movilizar así a las sociedades ancladas en gustos decimonónicos, como la asturiana, y mantener la calidad de las propuestas, continúa siendo una actitud ingrata y heroica.
Pero merece la pena intentarlo...
15 Jul 2008
Avance y retroceso
Los artistas nacidos entre las décadas cuarenta y cincuenta han sido protagonistas de nuestro circuito expositivo en los últimos treinta años. Los jóvenes nacidos en las décadas siguientes se han venido sumando al barco, para configurar un amplio abanico generacional de creadores asturianos entusiastas que, pese a las diferencias que están marcando los macroproyectos culturales, todavía conviven entre sí, mediante armonías dispares.
Ya en los setenta, los viajes y las tertulias eran determinantes para la divulgación de los avances del arte europeo y, especialmente, de la vanguardia española, donde la politización tomaba fondo en forma de lenguaje artístico. Las posibilidades expositivas y formativas eran escasas, pero la actividad crecía. Se trataba de debatir, compartir ilusiones y contrastar opiniones con otros campos culturales para aprender, eligiendo el diálogo como vía crucial para el crecimiento cognoscitivo, en una aventura interior llena de dificultades.
Hoy las circunstancias no son muy diferentes. La fusión de disciplinas, la alienación mediática y las ganas de triunfar a toda costa son más peligrosas que antaño, pero el arte emergente sigue siendo impopular y 'resistente'. Hay algunas diferencias cualitativas, como el estado del bienestar, que proporciona nuevos espacios y genera creadores de distintas edades con ganas de sumarse a un mercado generalmente injusto. Como ayer, la genialidad compite con la mediocridad, que quizás hoy tenga más cerca el beneplácito institucional. Las ayudas crecen y son tan imprescindibles para algunos como contraproducentes para otros. Hoy, como ayer, la honestidad, el respeto generacional y el diálogo son valores absolutamente imprescindibles.
Las nuevas tecnologías, sobre todo tras el espectacular auge de Internet en la segunda mitad de los años noventa, las ferias internacionales, los centros de nuevo desarrollo, el creciente apoyo de la prensa y las frecuentes conexiones entre arte actual y ‘glamour’ socio-cultural están provocando muchas manipulaciones en este mercado. Accedemos a la información con más facilidad, de la mano de modas de dudosa calidad, que van y vienen ofreciendo cambios básicamente cuantitativos.
Y lo más curioso es que el público mayoritario sigue anclado, en términos artísticos, en la posguerra.
06 Jul 2008
De gustos y colores
Aunque no es más que otro componente anecdótico que hemos podido advertir en las diez exposiciones celebradas sobre Aurelio Suárez desde que falleció, resulta curioso que los ‘cielos’ de sus pinturas son casi siempre azules, como puede comprobarse estos días en el Museo Antón de Candás y en la galería gijonesa Cornión. Cielos azules, alma de niño y espíritu irónico para un pintor enigmático.
En uno de los capítulos de su conocido volumen ‘Después del fin del arte’, el filósofo y crítico de arte Arthur Danto repasa los trabajos de los maestros posthistóricos Vitaly Komar y Alexander Melamid, emigrados a Estados Unidos desde la vieja Unión Soviética, que lograron obtener cierto éxito en el Nueva York de los años ochenta. Komar y Melamid, entre otras cosas, analizaron el mercado artístico para tratar de encontrar «un arte del pueblo», o sea, una clase de arte que la mayoría de las personas quisiera contemplar. Para ello, desarrollaron una exhaustiva encuesta cuyos resultados fueron calificados de «estadísticamente exactos».
Entre otras curiosidades, su estudio señalaba que el color azul era el más atrayente para la población mayoritaria y que esa atracción descendía al aumentar el nivel de instrucción de los encuestados. Además, el interés general por el color negro aumentaba al descender los ingresos.
Con esos y otros datos, Komar y Melamid diseñaron su ‘American’s Most Wanted’, una pintura que contenía todas esas cualidades preferidas por el público, incluyendo un paisaje con agua y árboles, varias figuras (entre ellas, la de George Washington, el personaje más querido por los encuestados) y algunos animales salvajes ubicados en un paisaje con dominante azul. El cuadro representaba aquello que desea la gente que «no sabe mucho de arte pero sabe lo que quiere», lo que Danto denomina «un universal estético a priori», o dicho de otro modo, «lo que cualquiera piensa cuando piensa sobre arte». Con otras palabras: el concepto de arte más popular responde a la formación recibida a través de las imágenes de los almanaques.
Pese a la habilidad performativa de sus creadores, el cuadro no gustó demasiado y el experimento resultó un poco cómico. Pero es curioso que, en los albores del siglo XXI, cuando algo se desvía de los arquetipos preferentes o de los universos mediáticos la mayor parte del público responde que eso no es arte.
23 Jun 2008
Singularidad LABoral
En el panorama artístico de nuestros días, plagado de propuestas, es difícil proyectar un centro de arte actual que resulte convincente. A la abundancia de museos, ofertas expositivas y eventos paralelos se unen numerosos problemas derivados de la financiación, gestión, organización y difusión de los programas, que en ciertas periferias tienen más dificultades que en otras para labrarse un futuro con garantías.
Por eso y porque la mayoría de los asturianos que amamos el arte deseamos su éxito, seguimos dando confianza a LABoral Centro de Arte y Creación Industrial. No ha cumplido año y medio de vida y, por tanto, todavía merece nuestros votos. El problema es que está consumiendo un gran presupuesto público y privado que sus responsables consideran insuficiente y es tremendamente superior a los que hasta ahora se movían en el arte actual de nuestra bendita región, que necesita con urgencia más guión que decorados.
Hoy por hoy, en este centro están puestas nuestras mayores esperanzas. Sin embargo, los primeros pasos han mostrado altibajos, con un potente impulso hacia el ‘glamour’ ceremonial y los grandes decorados, pero con guiones de moderado interés y de escasa singularidad. Su directora, Rosina Gómez-Baeza, lleva varios meses exhibiendo las cifras de visitas y de producciones, tratando de justificar el interés del proyecto. Y en su deseo de erigirse en referencia, suele ofrecer una confusa mixtura de datos que, sin ser falsos, son manipulables y pueden generar lecturas muy dispares.
Los grandes logros culturales deben realizarse a largo plazo, pero la dura realidad es que LABoral no está calando como debe en la sociedad asturiana, ni en la cultura nacional, ni en el arte internacional. Su programación se nutre de caminos emprendidos por otros espacios, teniendo al ZKM de Karlsruhe (Alemania) como guía espiritual y a otros organismos colaboradores (MedialabMadrid, Fundación Telefónica...) como alimento cotidiano. En ese empeño, mi querida Gómez-Baeza denomina ahora al centro "LAB" a secas, tratando al menos de abrazar semánticamente esa singularidad aún lejana. Pese al atractivo de algunas piezas de las exposiciones temporales y al importante esfuerzo económico dedicado a su diseño y montaje, LABoral adolece de una comunicación más fluida y de una equilibrada síntesis expositiva, entre otras cosas.
02 Jun 2008
Sobre disciplinas
Ningún amante del arte comprometido con los tiempos puede obviar cualquier disciplina, entre otras cosas, porque no es preciso. Es perfectamente factible disfrutar la cultura en cualquier soporte, formato o técnica que aporte algo sensato. La falta de respeto por las calidades es habitual entre quienes no saben apreciarlas.
Hace unos días, en una discusión llena de manchas, un artista con panza de cuyo nombre no quiero acordarme volvía a proclamar la muerte de la pintura, desempolvando para ello toda suerte de citas filosóficas, en defensa de una modernidad mal entendida. Es curioso que hoy, cuando el panorama internacional sigue poblado de huellas genuinas en todos los campos artísticos (pintura, escultura, dibujo, fotografía, video, instalación, ‘performance’, arte electrónico, ‘net-art’...) tengan que ser los pintores quienes sufran mayores dificultades para manifestar su pasión al medio, por miedo a ser tachados de retrógrados. Creíamos que ese absurdo debate se había agotado, pero aún siguen fluyendo aquí y allá muchos iluminados que desprecian lo que desconocen.
A veces, ante ciertas falacias, uno prefiere abstraerse del espectáculo y seguir adelante, investigando la cotidianidad de los talleres de algunos artistas cercanos y, descubriendo, cada día, nuevas emociones en sus trabajos. De nuevo (que el lector me perdone la insistencia) recomiendo aquí los escritos de Leonardo da Vinci, uno de cuyos ensayos (‘La defensa de la pintura’) comienza afirmando la más útil de las ciencias como «aquella cuyo fruto sea más comunicable», y concluye señalando como infinita «la obra que los ojos proporcionan a las manos». También dice el genio, entre otras cosas, que la obra del artista representa siempre la Naturaleza y que, por tanto, el que denigre la pintura «carecerá de sentimiento artístico» y estará «denigrando a la Naturaleza».
Algunas partes del texto tienen menos interés porque abordan conceptos metodológicos ya superados. Pero sus tesis también abordan la alteridad y los problemas identitarios del hombre contemporáneo, incluso su conflictiva relación con el paroxismo tecnológico de su tiempo, mirando hacia el futuro. Las palabras de Leonardo, cuando trata de demostrar la valía de la pintura, no precisan teorías complejas. Y es que su rotundidad argumental, por aquello de la sencillez, no es apta para los fantasmas.
19 May 2008
"Arte"
Duchamp siempre supo compaginar su espíritu irónico y su capacidad crítica, proyectando una imagen de ‘artista total’ que confundía al público tanto como le apasionaba. En el fondo, era un idealista genial, capaz de romper moldes con una simplicidad asombrosa mientras desarrollaba sus propias teorías. Cuando afirmaba que «arte es lo que el artista llama arte», o que «el arte tiene por costumbre cargarse todas las teorías artísticas», estaba destrozando con rotundidad cualquier dogma estilístico.
La palabra "arte", al margen del diccionario, ha sido aplicada a lo secreto, lo placentero, lo tangible o lo sensitivo y prostituida, también, con lo vulgar, lo comercial, lo elitista o lo mimético. Ha sido y sigue siendo arma política, fuente de luchas filosóficas y de vanidades sociales; ha derivado entre lo físico y lo psíquico, entre lo abstracto y lo concreto, entre el pasado y el presente, y ha sido, en fin, objeto de infinitos estudios que, desde Platón a Umberto Eco, no han logrado aún plasmar su significado ni su significante con carácter eterno.
Si los eruditos no logran sintetizar el término poco se puede exigir al gran público. Por eso, quizás, estamos en un momento social donde casi todo parece ser válido artísticamente; desde la venta banal a la estafa decorativa, desde los excesos conceptuales al hastío representativo y desde la palabrería partidista al discurso demagógico.
Pero los especialistas, al menos, han dejado claro que la investigación y el respeto al pasado desde un presente innovador son esenciales para la creatividad. No caben, pues, las actitudes de algunos pseudo-artistas o de los responsables de ciertos centros, certámenes, galerías e instituciones, que se atreven a cometer numerosas atrocidades estéticas en nombre de la palabra arte y, para colmo, exigen el abrazo favorable de los medios de comunicación, cuya actividad consideran tan servil como carente de ética.
En ese sentido, los profesionales debemos basarnos en la honestidad, desde el conocimiento y la experiencia directa con artistas y obras lo que, por definición, conlleva algunos ingredientes subjetivos. Bajo esas premisas no caben los abrazos sibilinos, los amiguismos ni las palmaditas en la espalda; sólo aquellas personas y espacios que muestran un trabajo personal sin perder el norte, sin lujos, sin adornos, pero con garantías comprometidas con los tiempos.
10 May 2008
Movida en Canarias
Hay movida en las Islas Afortunadas, tras la dimisión de los comisarios de la 2ª Bienal de Canarias. En los últimos días la prensa nacional se ha hecho eco de varias noticias paralelas al evento. Me parece interesante repasarlas y recoger aquí la carta de dimisión de Octavio Zaya, que explica muchas cosas sobre el qué y el cómo se desarrollan los grandes macroproyectos en distintos lares.
Os paso dos enlaces y, si hay alguien con interés en debatir educadamente y no sólo en entablar guerras y miserias de carácter personal, podemos comentar ese asunto y otros muy similares.
http://e-sevilla.org/index.php?name=News&file=article&sid=2130
CARTA DE DIMISIÓN: http://www.canarias7.es/pdf/docs/dimisionzaya.pdf
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