por JOSE ANTONIO RODRIGUEZ CANAL
27 Jul 2008
Cuatrocientas mil
Cuatrocientas mil personas, cuatrocientas mil, mucho más de la tercera parte de la población de Asturias, tantas como habitantes tienen los concejos de Gijón, Mieres, Langreo y San Martín del Rey Aurelio juntos. Ese el número de almas que asistieron en Gijón al tercer festival aéreo, según leo en este mismo periódico. Manda calao. Es una cifra caprichosa, fijada sin ninguna base técnica, con la única premisa de que parece considerar cretino al destinatario gracias a la sorprendente complacencia de los medios. ¿Quién dice que eran cuatrocientas mil? La Policía Local. Estamos aviados si el resto de sus actuaciones están informadas con idéntico rigor que este cómputo tan singular. La única explicación que le encuentro a tal desvarío estadístico es que sea obra de la Policía Local, sí, pero de la Policía Local de Madrid, experta en ver millones de personas en todas las manifestaciones de la derecha plural en contra del Gobierno.
21 Jul 2008
Cifras
Ya ha empezado otra vez. Está en marcha de nuevo. Me refiero a la práctica propagandística de divulgar cifras de asistencia a acontecimientos diversos o de usuarios de servicios o instalaciones sin utilizar para ello otro criterio técnico que el ojo de buen cubero aumentado a la potencia que convenga en cada caso. En realidad, la campaña ya arrancó cuando se llegó a decir que 300.000 personas se echaron a la calle para festejar el ascenso del Sporting. O sea, la población entera del concejo, más las de los de Villaviciosa y Carreño, todo quisque, sin excepción, incluidos enfermos terminales, ancianos provectos, niños de teta y militares sin graduación. Ahora seguirán con el festival áéreo del domingo, la noche de los fuegos artificiales, el número de bañistas en las playas... Siempre cientos de miles de personas, cifras fijadas sin ningún criterio racional, producto solo de un grandonismo sin sentido que alcanza las cotas del ridículo y considera tontorolos a los receptores del mensaje. Lo más reciente, el millón de visitantes de la Semana Negra. Un millón, ni un visitante más ni un visitante menos. Hay que joderse. La Semana Negra ha sido un éxito evidente, como las anteriores. Pero de ahí a decir que todos los años la visitan el equivalente a la población de Asturias, repetir la cifra del millón redondo, como si tuviera abonados registrados, media un trecho que no debería ser recorrido. ¿Que cuánta gente acudió a la Semana Negra 2008? Mucha, muchísima, decenas de miles de personas es la respuesta que se puede dar, pero cuantificar la afluencia en el equivalente a la población entera de Avilés y Castrillón cada uno de los diez días, haya llovido o luciera el sol, parece poco serio. El mismo razonamiento vale para el dato de los 55.000 libros vendidos. ¿Quién y cómo los ha contado? Y en este caso estoy en condiciones de afirmar que la cifra no es exacta, porque a las diez y media de anoche yo mismo compré un libro de Madariaga, así que habrán sido 55.001, por lo menos. Y así sucesivamente.
PS. Leo desolado esta mañana en mi propio periódico que el año que viene la Semana Negra será vecina del campus universitario de Viesques, es decir, que no estará junto a Viesques, sino en la zona que los de Oviedo llaman Viesques. ¿Tú también, hijo mío?
24 Jun 2008
Millonarios
La desaceleración económica, la crisis, ¿la recesión? tiene víctimas, perdedores. Gran parte de ellos van a ser. o son ya, los parados forzosos que elevarán el desempleo al 11% de la población activa el año que viene, según pronostica ahora el Gobierno. Pero también hay ganadores. Según he leído por ahí, en 2007 el número de millonarios aumentó en España un 4%, hasta situarse en 164.000. O sea, siete mil y pico nuevos millonarios en doce meses. Para ser uno de estos millonarios hay que tener una fortuna superior al millón de dólares, esto es, si no me equivoco, unos 660.000 euros, 110 millones de pesetas, aprox.
¿Son muchos o pocos millonarios entre 46 milllones de habitantes? Quién sabe. Yo conozco a más de cuatro o cinco, o más aún, de esos 164.000 y parecen personas normales, no dan la impresión de ser conscientes de su pertenencia a ese selecto grupo de la sociedad. Claro que no parece tan extraordinario tener más de un millón de dólares en euros. Cientos, tal vez miles, de promotores inmobilarios pueden haberlo conseguido honradamente sin necesidad de acudir a Totana o a Estepona. Por eso el dato dice poco, porque entre esos 164.000 millonarios habrá de todo. Es conocida la frase atribuida al señor Botín:"Millonarios hay muchos en España, pero ricos, lo que se dice ricos, somos pocos". O algo así. Pero yo quería llegar a otro sitio, a decir que no nos vengan, ni Gobierno ni patronal ni sindicatos ni el gobernador del Banco de España, con la alicantina de que estos son malos tiempos para todos. Para todos, no; algunos, unos miles se hacen milllonarios (o multiplican los millones ya acumulados). La incógnita está en saber si ante esta asimetría en el reparto no cabe otra postura que resignarse por considerarla inevitable, y a esperar siglos mejores.
16 Jun 2008
El sexto ascenso
Ya está el Sporting donde debía, otra vez en Primera División. Tiempo para la nostalgia ante este sexto ascenso. Por tener edad para ello, recuerdo con nitidez tres de los cinco anteriores, los cinco como campeones. En 1957, el equipo de Sionín, Sánchez, Bolinches, Ricardo y sus 46 goles, Altisén, Antonín, Ortiz, Medina,..., entrenados por Barrio, once a cero al Lérida en El Molinón. Después de dos años en la categoría máxima, once años en Segunda y en 1970, nuevo ascenso. Un equipo extraordinario, una máquina de jugar y golear: Castro, Alonso, Puente, Herrero II, Quini, Valdés, Churruca... Y un entrenador inolvidable por tantos conceptos, Carriega. Nuevo descenso en 1976 y de nuevo arriba al año siguiente, con otro gran equipo: Castro, Maceda, Joaquín, Valdés, Quini, Ferrero, Redondo, Ciiriaco, Mesa, Abel, Morán... con Miera de entrenador. Fueron tres ascensos espectaculares de un Sporting hegemónico en aquellos tiempos y en aquella categoría.
El ascenso actual no ha tenido tanta brillantez como los mencionados, pero el desenlace es el mismo. Y ha sido posible por el esfuerzo y el acierto de los jugadores y el entrenador. Pero también han intervenido otros factores: el presidente, Manuel Vega-Arango Alvaré, y demás miembros del consejo de administración, que han aplicado el sentido común a su gestión, y el director deportivo, Emilio de Dios, que ha tenido que hacer de la necesidad virtud, y ahí está el resultado. Me alegro por ellos.
Pero sería injusto olvidar el papel trascendental que han desempeñado el Ayuntamiento, de manera especial, y el Principado en momento críticos para el club. Hay que subrayarlo ahora, cuando proliferan sportinguistas de aluvión, alérgicos a los partidos de El Molinón mientras el equipo tenía una trayectoria mediocre, y cicateros para acudir a la suscripción de acciones para constituir en 1992 la sociedad anónima deportiva y en las sucesivas ampliaciones de capital, o hipercríticos cuando en 2001 el Ayuntamiento hizo un esfuerzo económico extraordinario y se endeudó para comprar Mareo y las marcas. En el terreno mediático, también no pocos de los palmeros de hogaño hicieron entonces esfuerzos evidentes para coadyuvar al hundimiento del club, a base de jalear a advenedizos y logreros y de sembrar la alarma y el catastrofismo en vez de aportar colaboración y serenidad como siempre ha hecho EL COMERCIO, por cierto. Pero el Sporting no es el Oviedo. A la vista está.
Xove
Leo en EL COMERCIO de hoy: "Los gijoneses siempre han dicho Cimavilla, Montiana, Ciares y Xove". Hay que tener un par para afirmar esto y quedarse tan tranquilo o tranquila. Pues lo dice una empleada del Ayuntamiento de Gijón, María Xosé Rodríguez, responsable de la Oficina Municipal de la Llingua. Podría pasar lo de Cimavilla, Montiana y Ciares, y habría que ver por qué, pero lo de Xove no se dijo en Gijón en la puñetera vida.
Nací en la Gota de Leche en 1944 y jamás, jamás, lo escuché. Ya digo, hay que tener un par para sostener lo contrario, sobre todo con esa base tan gaseosa de que "la gente siempre ha dicho" o "los gijoneses siempre han dicho".
Mi madre tien 94 años, ye de Deva y nunca me llamó Xosé, sino Jose. Y jamás la oí hablar de Xove. Mi padre era del Caleyu, Gijón, 1909, y otro tanto. Los güelos -y güeles-, de Deva, Pión, Fano y Cancienes. A algunos no los conocí -uno de ellos murió por la gripe de 1918- y toos me llamaron Jose o José o José Antonio. Ni a ellos ni a un tiu miu, pescador enronchau en Cimavilla, los oí decir nunca, nunca, Xove, en la puñetera vida.
Esti casu ye otra demostración del espíritu creativu que animó la oficialización de topónimos en Gijón, una iniciativa plausible en principio, pero de resultados discutibles, que en algunos casos produce irrisión. El afán por la creación de nuevos yacimientos de empleo causa estas disfunciones, explicables, por otra parte, si el supuesto trabajo de campo une a la creatividad el recurso a la tradición oral interpretada por quienes se asentaron aquí hace cuatro decenios para trabajar en Uninsa. Su ánimo de descubridores, colonizador, y su ignorancia sin malicia, puede llevarlos a veces dar nombre a lo que ya lo tenía, sin consideración a las tradiciones o costumbres indígenas. Otra vez la superflua creatividad. En el barrio de La Arena siempre fuimos bilingües, hablábamos en la calle y en casa de una manera, digamos que en asturianu entrevenau de castellano, o al revés, y en la escuela, de otra, un castellano no peor que el de Valladolid. Pero en la puñetera vida dijimos Xove. Esta mañana hice una encuesta entre diez o doce amigos veteranos, o sea, entre parte de "la gente", "los gijoneses", y el resultado fue el mismo: eso de Xove nunca se dijo. Y ye verdá.
11 Jun 2008
Horas extras
La situación en materia de empleo está mal y tiene todas las trazas de ir a peor. Habrá más parados forzosos, aunque no se llegue, por fortuna, a niveles de deterioro como los padecidos en los primeros años ochenta del siglo pasado.
Siempre se defendió, desde ámbitos sindicales, que si escasea el empleo hay que repartir el disponible, en un elemental ejercicio de solidaridad. Por eso en aquellos años duros los trabajadores y sus representantes solían reclamar la supresión de las horas extraordinarias, por entender que ello supondría la creación de puestos de trabajo. Sorprende que postulados tan razonables hayan dejado de tener vigencia, si se hace caso del debate suscitado sobre la realización o no de horas extras en una conocida empresa gijonesa caracterizada por la combatividad reivindicativa de su personal. ¿La supresión de esas horas ya no es fuente de creación de empleo? ¿Tanto han cambiado las cosas?
Desfachatez
La desaceleración económica, la crisis, es un hecho, se sufre, se siente. No hace falta ser un experto para emitir este diagnóstico. En tales circunstancias desfavorables una de las primeras víctimas de la situación es la publicidad; el gasto publicitario desciende a niveles ínfimos. Se puede comprobar a simple vista. Sin embargo, en ese cuadro desolador para los medios llaman la atención algunas campañas, como las que llevan a cabo dos grandes eléctricas -la nominalmente indígena se abstiene, por el momento- y la principal petrolera. No tratan de vender sus productos, que ya están vendidos gracias al régimen de oligopolio imperante que disfrutan, no; buscan transmitir una imagen bucólica y amable del mundo homologada a la suya propia y a su actividad empresarial, pretensión que se convierte en obscena dada la coyuntura que vivimos. Ese derroche en propaganda, además, se convierte en un mensaje cargado de sarcasmo porque es emitido prácticamente en vísperas de grandes subidas de las tarifas eléctricas. Es un alarde de desfachatez.
10 Jun 2008
65 horas
La Comisión de la Unión Europea acuerda que la semana laboral pueda ser de hasta 65 horas. No lo entiendo. Se necesitaron sangre, sudor y lágrimas, muchas lágrimas, también mucha sangre, y palos, muchos palos, para conquistar el descanso dominical, para que la jornada laboral diaria fuera de ocho horas, para que desde 1982 -ó 1983, no recuerdo con exactitud- el límite se fijara en 40 horas semanales, la semana inglesa, y ahora vienen con esto los eurócratas, que me temo que no tienen intención de aplicarse la norma ellos mismos, con tan mala fama en cuanto a productividad.
Ya sé que el acuerdo de la Comisión no significa que cada asalariado esté obligado a trabajar 65 horas a la semana, pero, si no lo he entendido mal, contempla esa posibilidad en el supuesto de que así lo quieran empleador y empleado. Me parece, en cualquier caso, aunque no implique un aumento en el cómputo anual de horas trabajadas, una medida aberrante, regresiva, un paso atrás, hacia la esclavitud moderna, pero esclavitud al fin. ¿Es este el resultado de la sacralización de la globalización y la economía de mercado? Democracia, libertad, grandes palabras, ¿para esto? Estamos arreglados.
28 Abr 2008
Rectificación
El Ministerio de Defensa -o la ministra- ha rectificado y permite de nuevo que los funcionarios del departamento -uniformados o no, da igual- puedan dedicarse en horas de trabajo a no trabajar, a entretenerse con determinadas páginas webs que no tienen nada que ver, nada, con la función que desempeñan los mencionados. O sea, que en horario de trabajo, con ordenador que no es suyo, sino del Estado, y a través de una conexión con internet que le resulta gratis, porque la paga el Estado, el funcionario que lo desee puede dedicarse a la lectura de diarios y revistas, a participar en foros o a interesarse por la marcha de subastas diversas en la Red. Por hacer todo eso en horas de trabajo en vez de trabajar, le pagan. Parece muy probable que la situación descrita, el libérrimo uso de ordenador y acceso a internet gratis total en horas de trabajo, no sea característica exclusiva del Ministerio de Defensa, sino que afecte también al resto de la Administración central, a la autonómica, a la local, a los organismos autónomos, a la empresa pública... Lo contrario sería un agravio comparativo para los probos funcionarios afectados. Muy estimulante todo, sobre todo ahora, en plena campaña del IRPF.
25 Abr 2008
Dietas
Los concejales del Ayuntamiento de Villaviciosa cobran 450 euros diarios por dietas de viaje, gastos de desplazamiento aparte. Así lo acordaron entre ellos durante el largo mandato municipal del PP y el alcalde actual defiende el acuerdo, postura llena de coherencia desde su punto de vista de probable beneficiario.
Me parece escandaloso. Un gasto de 450 euros diarios es propio de ricos riquísimos y que haya que pagárselo a un concejal de Villaviciosa con dinero público es una burla a las masas laborales -y contribuyentes- del submileurismo salarial. Es un atropello incalificable, un alarde de cara dura, de gente de poca vergüenza, ordeñar así las arcas públicas en beneficio propio, sobre todo en tiempos como estos, en que crece el paro y, como consecuencia, las situaciones difíciles para muchas familias. Abusos de esta clase constituyen la mejor manera de desacreditar la democracia y enfangar la actividad política. Qué jeta tienen.
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