25 Jun 2008
¿Quién mató a mi madre?
|
El viernes, 27 de junio, a las 20h, Ediciones Irreverentes presenta la nueva novela del escritor venezolano Edgar Borges, “¿Quién mató a mi madre?”, en la Casa del Libro de Gran Vía, Madrid.
Con la participación de Miguel Angel de Rus y del autor
|
|
|
|
¿QUIÉN MATÓ A MI MADRE?
¿Quién mató a mi madre? es más que una novela de intriga. Dos detectives llegan al apartamento de los Rivera para investigar un crimen: ha sido asesinada la madre de la familia; los sospechosos son el esposo y los dos hijos adolescentes. El primer reto de los protagonistas será descubrir al asesino, y el último, lograr salir de un apartamento que en realidad es un libro. Con esta obra, el prestigioso escritor Edgar Borges fue finalista en el III Premio Nacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches. Toda una trama psicológica que, según palabras del escritor Andreu Martín, maestro de la novela negra, "me elevó por encima de la realidad para llevarme a un fascinante mundo de sugerencias, insinuaciones y reflexiones donde no se trata de partir de enigmas para encontrar respuestas sino que directamente se parte de las respuestas para perderse entre enigmas." Una obra que no puede perderse ningún amante de la novela de intriga.
Edgar Borges, (Caracas, Venezuela, 1966) Autor de obras como Sonido Urbano, calle, salsa y cuentos (Caracas 1992. Ensayos y guiones dramáticos);Sueños desencantados (Caracas 1994. Relatos); Mis días debajo de tu falda (Caracas 1996. Relatos); La monstrua, la mujer que jamás invitaron a bailar (Bogotá 1999. Novela); Aquiles, el último fugitivo de la globalización (Caracas 2001. Relato gráfico); Lavoe contra Lavoe, la tragedia del cantante. (Caracas 2006 Teatro) y El vuelo de Caín y otros relatos (Madrid 2005 y Caracas 2007). Ha participado en las Antologías, Microveus, La culpa de Nicanor (Barcelona, 2007) y Narradores del Grupo Búho, El último aniversario (Madrid 2005).
|
Más información: http://www.edicionesirreverente
Entrevistas con Edgar Borges: 666350174 y editor@edicionesirreverentes
09 May 2008
Tienda de Voces.
También pretende fomentar estudios de tipo literario (historia de las formas literarias), estudios de literacidad, con un enfoque sociológico e histórico, estudios de análisis del discurso y, cómo no, la creación literaria.
En el origen de Tienda de Voces está el convencimiento de enorme la potencia de la literatura para alargar la vida o, más bien, profundizarla. La lectura sirve al conocimiento y al placer. Ayuda a la comprensión de lo propio y lo ajeno, de lo diferente y lo excesivamente semejante, y agranda y afina, en fin, el tamiz ése por el que todo entra. Y por el que todo sale.
La literatura es, para Tienda de Voces, un agente de inclusión social y conseguir que alguien lea es conseguir que se sienta parte del mundo. O que sienta que la realidad no es tan ajena. O que él, o ella, ellos, nosotros, en su agujero, somos parte de la humanidad: la historia, lo grande y lo pequeño, lo bueno y lo malo.
La literatura, además de un campo conceptual y un método propio, es pura… transversalidad, que se dice hoy día. Ética, filosofía, arte, historia, sociología, psicología, cine, música, agricultura, pastelería, moda… No existe independientemente de todo. Creemos que hay que ponerla en relación, a la hora del análisis, con diferentes campos. Sacarle el jugo.
Tienda de Voces está abierta a sugerencias, iniciativas, y a la colaboración con todo aquél que tenga algo que ofrecer, y que esté dispuesto a aceptar de los otros. De momento sólo pedimos que te asocies. Es gratis.
17 Abr 2008
Opiniones a diestro y siniestro.
En Diario de un mal año, al hilo de una historia interesante de amor platónico entre un viejo escritor y una joven... sensual, diríamos, Coetzee va dejando caer, como flores, sus gotas de sabiduría.
En realidad creo que la historia no es más que una estratagema para que la narración nos impulse hacia delante y sigamos, finalmente, leyendo sus diatribas sobre todo lo habido y por haber. Diatribas que intentan ser polémicas.
No sé por qué estoy de mal humor. Al fin y al cabo no lo estaba, no tanto, mientras leía. ¡Ah, cierto! Me ponen de mal humor los escritores que dan su opinión sobre todo, no lo recordaba. Porque abunda mucho, en serio. Bukowski –vaya, vete a saber si un heredero muy vivo o un editor encontró un viejo cuaderno de notas y decidió publicarlo, pobrecito, él murió hace mucho- nos narra, finalmente, cómo se corta las uñas de los pies en su ancianidad; o fulano recoge todas sus columnas periodísticas y les pone un título bonito; mengano publica sus cuadernos de notas… (No me reconozco, qué mal humor. ¿No me funciona el prozac?)
No veo el interés de leer las opiniones de los narradores sobre política o sobre moral. No es su trabajo, y no es lo que busco. ¿Por qué no se toman la molestia, al menos, de hacer lo que se supone que saben hacer? Inventar historias, crear personajes y dramas que sean el mundo mismo, la vida misma en su existir. Y no es que no tengan derecho a hablar de lo que quieran y a hacer sus ensayos pero, desde luego, no tienen autoridad para exigir que esas opiniones sean tomadas más en serio que las de cualquier otro. Al menos a mí no me interesan. Prefiero leerme un tratado de moral o un ensayo filosófico. O que hagan un libro que se titule Ensayos.
Cualquier viejo escritor que ve acercarse la muerte, cualquier viejo que ve acercarse la muerte, me gusta, sea como sea, sea zurdo o diestro, alto o bajo, pero…
Vale. Que es Coetzee. Ya lo sé, coño. Pero tengo derecho a que me ponga de mal humor, ¿no? Me gustó Desgracia. Me encantó Desgracia. Y en Elisabeth Costello, aunque ya me irritó un poco, al menos desarrollaba su visión hasta un grado que te hacía replantearte –aunque fuera durante un breve plazo- ciertas cosas, como si comerme el ternerito que vi un día escaparse del camión, o como si es moral o no reflejar el mal. Eran menos temas y tratados con más profundidad.
Pero esta novela, no sé, me irrita aún más. Y no tengo claro por qué. Quizá porque no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dice… (hala, qué fiasco. ¿Sólo por eso? No, no creo que sea sólo por eso. De algún modo me ha parecido que no se ha esforzado lo suficiente. )
Sí, hay obras de grandes escritores que dan la sensación de hacerse utilizando las sobras. O las notas.
02 Abr 2008
gana el tabú. Chesil Beach. Los no famosos 60.
Mencianr un tabú es ya empezar a desproveerlo de su divinidad. Hablar de él, de lo que no queríamos mirar, de cómo pulsa, sordo y constante, de cómo nuestras vidas giran en torno a él, es quitarle poder. Bien lo saber de siempre los represores: si no quieres que algo exista no has de prohibirlo; sólo has de no mencionarlo jamás.
Son sólo cuarenta años, cuarenta y pico años, los que separan 1962 (en
Dios, qué novela. Excepto por unas pocas páginas al final, todo ocurre en un par de horas: la cena, el silencio, la tensión. El deseo, casi la necesidad, de que estalle alguna tormenta, de que un grito o una patada hagan añicos el aire congelado en que se intentan mover los protagonistas. En ese par de horas se recuperan dos historias, un noviazgo, y una época en que la juventud aún no era lo único que merecía la pena de la vida.
Esto es antes de los famosos sesenta. Es los no famosos sesenta.
Y, a la vez que en Chesil Beach dos personas que se aman se observan a través de un silencio magnífico que sería poco creíble hoy en día –por más que pudiera ser perfectamente real-, a la vez, digo, qué poco cambia nada. Ian MacEwan utiliza una lupa para mirar el amor, el primer amor, el que hace que el universo se mantenga en suspenso en la yema de un dedo y estalle sobre la piel. Y qué poco pesa el amor en comparación con lo que pesa el silencio.
No había nada allí, en el silencio, nada por lo que mereciera la pena dar la vida... es lo que suele ocurrir con los silencios.
Sería interesante analizar si el sexo tenía más poder en el silencio o si tiene más poder ahora, en esta versión multiforme y superficial de nuestros días.
15 Feb 2008
Orhan Pamuk, Nieve

Si una novela es una obra en la que se entrecruzan la historia y el hombre, ésta, Nieve, es una muestra clarísima de que la novela está más viva que nunca.
Hacía mucho que no leía una novela tan ambiciosa, que abarcara todo: la sociedad, la historia, la política, el hombre, el amor, el arte, la soledad.
Soy una lectora sentimental, he de reconocerlo. Y no me avergüenzo. Me avergonzaría más ser una escritora sentimental, pero es que, dice Ka, el protagonista de Nieve:
“que un buen poeta sólo tiene que girar en torno a las poderosas verdades que encuentra ciertas pero en las que teme creer porque estropearían su poesía, y que es precisamente la música oculta de aquellos giros lo que forma su arte.”
Magnífico. Así pues, si cuando escribo huyo del sentimiento, de las pulsiones que más fuerza tienen en mi alma, porque me parecen basura y me avergüenzan, entonces… si algún día consiguiera ser una escritora, lo que se dice en serio, entonces, ese sentimiento estaría pulsando bajo mis palabras pero no sería intencionado, no sería el mensaje de esas palabras. Lo cual me gusta.
Porque así es Nieve, así son, creo yo, los grandes escritores: toda la humanidad –la grandeza y la miseria- mirando afuera.
Es una desgracia, pero los personajes son lo que me enamora de las obras de las que me enamoro. Es decir: si hablaba bien el otro día de Una investigación filosófica… no había allí ningún personaje que me hiciera estremecer, precisamente. Sin embargo aquí, en este pueblo aislado por la nieve, este copo habitado por personajes caricaturescos casi, este lugar demencial y real, onírico y prosaico, poético y político –uf-, hay gentes que me enamoran. Como Ka.
Ka es un personaje de ésos que a partir de ese momento utilizas para describir a otros. Un tipo extático, flipado con la belleza de todo, que no cesa de repetirse que no soporta tanta felicidad y que te hace llorar porque temes por él, al igual que él mismo teme por él porque es demasiada felicidad la que siente, y que despierta ternura, y simpatía. Una pena que poca gente más lo conozca. Así, no podré decir cuando hable de ciertas personas –no que haya conocido a muchas así, pero alguna ha habido- : “Sí, era un Ka adicto a las máquinas tragaperras” o “Sí, hombre, era todo un Ka”. Hasta es guapo, estoy segura.
Ah. Dije que era una desgracia que lo que más me guste sean los personajes, porque creo que si algún día consiguiera realizar esa proeza inalcanzable que es escribir una novela no conseguiría, de ningún modo, crear un personaje amable. Y a mí me gustaría que mi personaje fuera amable. Me gusta amar.
Bueno, qué. Nunca dije que no fuera a hablar de mí. Es el tipo de crítica –si crítica se puede llamar- que me gusta: la que se haga desde mi mí. Qué memé. Mimí.
Pero no sólo tiene a Ka, esta novela. A quien le guste la historia, a quien le guste la política, a quien le interese el Islam, cómo prende el integrismo, cómo prenden las mechas de la violencia, de la corrupción, del miedo, del vértigo. A quien le interese Turquía, fascinante país entre oriente y occidente, trágico, un caldo en que se cuece este mundo. A quien le interesen la integridad, el realismo, el fanatismo, el estupidismo… otra cita:
“-No basta con estar oprimido. Hay que tener razón. Y la mayoría de los oprimidos están equivocados hasta la estupidez. ¿En qué creemos?”
Lo siento pero este libro es un tesoro de citas. Va otra:
“Dios es lo bastante justo como para saber que el problema no es una cuestión de fe y lógica, sino de cómo se vive la vida entera.”
02 Feb 2008
Una investigación filosófica. ¿Por qué no matar?
¿En algún caso se puede justificar el asesinato? ¿Y si pudieras regresar en el tiempo y matar a Hitler? ¿Nunca os lo habéis preguntado? Puestos a ser pragmáticos, ¿por qué Raskolnikov se tomó las cosas tan a lo trágico? ¿No conocemos a muchas personas cuya muerte sería una bendición para muchos?
En torno a esa pregunta se construye esta magnífica novela entre la ciencia-ficción y el género detectivesco. Una investigación filosófica es, en realidad, eso: una investigación desde la filosofía en torno a esa pregunta: ¿Por qué o por qué no? ¿Quién establece las normas?
Es simple casualidad -mis lecturas no son programadas según un orden, sino que dependen de lo que tengo a mano, mi humor, la última película que haya visto, un comentario, y de muchos factores que podría detenerme algún día a analizar- que haya leído mi segundo libro de Philip Kerr y me haya gustado tanto como para decirl a todo el mundo que lo lea.
Porque Violetas de marzo, (dos artículos arriba) tenía gracia. Era una cosita, sin ser condescendiente, que se leía bien. No sé.
Pero Una investigación filosófica es mucho más. El protagonista y asesino Wittgenstein -sí, no sólo su nombre es paralelo al del filósofo autor del Tractatus- está convencido de que actúa por pura lógica. ¿Acaso aquellos a quienes asesina no son potencialmente más peligrosos que él mismo? ¿No es accesorio el que él disfrute u obtenga algún provecho a la vez? El lector no podrá evitar comprender, en parte al menos, sus planteamientos. Y probablemente le cueste un poco más ponerse del lado de la ley y el orden. Además: ¿qué es la ley y el orden? ¿La Inspectora Jefe Jake Jacowitcz o los también pragmáticos políticos?
La realidad virtual y el solipsismo. El suicidio. El asesinato terapéutico. El arte. La bioética. El derecho a la intimidad. El derecho a la seguridad. El arte.
Todos temas que esta novela trata de una manera tan original y lúcida como narrativamente acertada. Una buena idea para pasar un fin de semana si no te apetecen multitudes.
Si te entristece que las brasileñas y los brasileños tengan que llevar chandal debajo de los volantes y toquen silvatos tiritando en la noche vacía. Esperando que deje de llover.
7,81 € en Anagrama. Buen precio, eh. Con el céntimo incluído.
26 Ene 2008
Philip Kerr. Violetas de marzo.
Amí no me gusta, en general, la literatura de género. Eso, a pesar de que he pasado horas estupendas leyendo literatura de terror, erótica o de detectives. Pero supongo que por mi espíritu o voluntad anti-mitómana, no soy fan de un género u otro.
Lo que más me gusta son los “toques” o “aires” en una obra no de género. Por ejemplo, me gusta el surrealismo en una obra no surrealista, el erotismo en una obra no erótica, el suspense o un poli corrupto o un detective muy duro en una obra que no sea policíaca.
Todo esto para decir que no soy una fanática de la novela negra, en absoluto, lo cual no sé hasta qué punto es normal viviendo en Gijón. Por la semana negra y eso.
Todo esto es para hablar de Violetas de marzo, el primero de una trilogía de Philip Kerr desarrollada en el Berlín nazi. Kerr es un adorador de Dashiell Hammet, pero quién no. Y no lo hace mal. Tiene un gran sentido del humor, de ese humor un poco expresionista y un poco surrealista de Hammet. Es el tipo de literatura que a muchos les puede parecer ideal para pasar una tarde de domingo. Frases cortas, chistes, una dosis de palizas, una dosis de sexo, y otra de perdedores. El trasfondo histórico da el punto original a la obra: campos de concentración, SS, judíos, etc. Una visión original del contexto ya de por sí fascinante del Berlín de entreguerras.
A mi padre le encanta Philip Kerr. Creo que es filósofo.
En fin. Alguien que quiera pasar un buen rato, que busque una obra de este hombre. Podéis poneros un whisky, que pega bien, encender una lámpara de pie encima de vuestro sillón favorito, encender un cigarrillo si fumáis para poder mirar las volutas de humo –si no fumáis no podéis hacerlo- y leer en silencio.
23 Ene 2008
Capote. Das Film. Das Mensch.

Imposible no leer -un libro, una película, un paisaje- desde donde me encuentro. no sólo es imposible sino que es, este punto de vista personal, lo más interesante. Lo que da sabor al caldo.
De todos modos, incluso así soy capaz de hacer un intento de objetividad y, grosso modo, creo que lo consigo. Quitando detalles injustificables, como que no soporte la cara de Robin Williams, que no pretenderé que otros compartan. Sé que soy injusta con el pobre tipo.
El hecho de que me haya sentido tan identificada con esta película, Capote, no puede haber hecho sino enriquecerla.
Primero: como Capote, yo me lancé sin prudencia alguna al abrazo de una persona cuya… digamos rectitud moral era… un gusano moribundo que se removía en la luz. Como él, yo tengo una parte sentimental contra la que lucho pero que acabará riéndose de mí en mi lecho de muerte. Como los dos contraprotagonistas, en mi caso M., una chica, y en el caso de él, Perry, que también eran una extraña -¿por qué va a ser extraña, vamos a ver? Ya está bien de hablar sin pensar- mezcla de sentimentalismo y sordidez.
Como él, quise dar algo a esa persona. Le ofrecí mi amistad si ella hacía algo que… la intenté convencer para que hiciera lo correcto: quedarse con su hijo recién nacido y enfermo y no darlo en adopción. ¡Inauditas arrogancia y estupidez mías! Utilicé toda mi teatralidad y poesía para pintarle el maravilloso mundo en que habita un ser pequeño y amable hasta el infinito. ¡Basura! ¡Locura!
Después, cuando me di cuenta de que, en cierto modo, yo podría ser considerada responsable de una vida desgraciada, que podía haberme entrometido en el destino de un ser que llegaba al mundo con todas las de perder, -el niño tenía muchos problemas, la madre más aún-, sentí terror de haber tenido éxito en mi empeño. ¡El niño estaría mejor con una familia adoptiva que con ella! Yo era responsable de él. Le había prometido todo mi apoyo si se lo quedaba, mi amistad, mi buena voluntad. Y cumpliría mi promesa, por supuesto. Aunque también Capote hizo una promesa a Perry.
He oído tildar a Capote de cínico. Pero no: puede que fuera un hijo de puta, pero le costaba un gran esfuerzo serlo. En realidad era enamoradizo y sentimental, y fue devastadora para él la experiencia de zambullirse en un asesino. Tampoco me importa si lo que digo es real. ¿Qué es la realidad? Esta visión interesante, y buena, y útil, al menos para mí.
Perry, a parte de todo, es lo mejor de la novela. Es igual que un chico que me gustó cuando era adolescente. Yo le gusté a él, que era algo mayor, y eso me halagó. Componía canciones, tocaba la guitarra, y era inesperadamente brillante para un entorno que, a pesar de sus esfuerzos, lo tenía atrapado.
La película no trata de Perry, sin embargo. Trata de Capote, que apostó su alma y la perdió. ¿Un trato con el diablo? Puede. Pero Capote no era un cínico. He oído criticarlo con dureza pero, ¿Un cínico se habría acercado como él lo hizo? ¿Alguien superficial e interesado se hubiera atrevido a mirar tan de cerca en el corazón de un asesino? La gente olvida que el malo es el otro.
La leyenda del Capote hijo de puta.
Yo he leído a Capote. Y sé que es tierno, y bueno, y de una estremecedora sensibilidad para la belleza. Me da lo mismo cómo fuera en la vida real, cuánto le gustara acercarse a los famosos, sus poses de muchachito seductor de marineros, cuánto recurriera a su ingenio malvado para atraer a los cortesanos.
21 Ene 2008
Ahora que están de moda los malos tratos. Las dos amigas y el envenenamiento. Alfred Döblin
Si todos nos hemos preguntando en algún momento de ingenuidad ("¿Perdón, mademoiselle?" "No, no. Me refiero sólo a la ingenuidad que es creer que hay una respuesta a la que podamos llegar sin gran dificultar") en qué consiste la diferencia entre realidad y ficción, esta... ¿novela? obra, hará que volvamos a hacernos la pregunta.
Yo puedo coger y narrar como si fuera una ficción lo que le ha ocurrido a mi vecina. O a mí misma. O a la hija de un famoso millonario. Puedo coger y narrar como si hubiera ocurrido en la realidad algo que es producto de mi fantasía. ¿Qué más da? ¿Cuál es la diferencia? Aquí Alfred Döblin, expresionista (bueee… no aquí), alemán, médico (vaya: eso lo explica todo), que busca no una narración objetiva sino un narrador que sea objetivo, (no una desaparición del narrador sino un narrador muy poderoso que se permite todo tipo de introenotrospecciones… me cansa pensar, es agotador, y siempre que pienso me meto en camisa de once varas. ¿O será que sólo me doy cuenta de que estoy pensando cuando me encuentro con problemas?).
Aquí Alfred Döblin narra un hecho real como si fuera una novela.
¿Qué hizo Capote en A sangre fría? No. Capote se acercó de otra manera. Por eso quiero yo a Capote, porque se permitía sentir todo. Se puede ser malicioso y amar mucho. Digo yo.
Döblin es médico. Se ha psicoanalizado, psicoanaliza, mal que le pese (según comenta en el epílogo), y se maravilla (como yo). Ésa es la objetividad que busca, la del médico. Pero no olvidemos que ha sido ¿se deja de ser? expresionista, que vive en esa fascinante Alemania de entreguerras. No olvidemos…. ¿no son los expresionistas más freudianos que los surrealistas? Los surrealistas son pacientes bastante felices, al fin y al cabo, con algo infantil. Los expresionistas son médicos quizá un tanto angustiados. Dice de Freud:
“El alma humana vagaba por el mundo desde muchos siglos atrás, expulsada por médicos y psicólogos. Había buscado refugio en los poetas y también en los sacerdotes. El sacerdote la llevó al devocionario. El poeta le ofreció el brazo y fueron juntos a pasear por los prados. Freud la hizo entrar en su consulta, cerró la puerta tras ella y dijo:
-Quítese el sombrero, señora. Sí, desnúdese, por favor.
(…)
Quisiera señalar que el alma, asustada por esta invitación, se ha quedado en la puerta hasta nuestros días, y no se ha quitado siquiera el sombrero”
Total. Döblin investiga en el proceso, la personalidad, las circunstancias que pueden llevar a alguien que no es un monstruo, porque no existen los monstruos –eso es uno de los supuestos de la objetividad-, a hacer ciertas cosas. La comparación con A sangre fría no es casual. La posición de Capote y de Döblin es opuesta. Mientras que Capote se ve arrojado él mismo al conflicto que supone acercarse a un asesino, Döblin no lo hace. A lo mejor está más preparado para mantener la distancia por su profesión de médico. Capote se zambulle en donde sea y luego sale escaldado. A propósito: magnífica película. Una obra maestra. Vedla. Papelón de Philip Seymour Hoffman. Y perfecta invención de la tragedia posible de Truman (a estas alturas ya tengo confianza con él como para llamarlo Truman en la intimidad.). Son demasiadas cosas que decir. No puedo hacerlo así. Mañana hablaré de esta película. Por la tierra roja de Tara lo juro.
Ese “ritmo endiablado” del que hablan en la solapa es simplemente el necesario para poder seguir siendo el médico. Eso que parece mala hostia no es más que la desesperación por mirar al abismo y mantener la distancia. Lo que no hace Capote. Tampoco lo hace Freud en sus casos clínicos. Freud escribe maravillosamente, pero no hay confusión posible sobre la ficción o realidad o punto de vista del narrador en sus relatos. Es, sin duda alguna, un médico. No Döblin. Döblin está en el medio. ¿Cuál, cuál es la diferencia? Intuyo que llego a algún lado… ¿me quedaré finalmente en la llanura que hay ante la muralla, acampada ahí durante años? Los crepúsculos son bellísimos.
Es tan interesante el epílogo en que el autor reflexiona sobre su obra, sus objetivos, la utilidad de haberla escrito, etc., como la obra misma. De hecho, ambos son la obra. Así lo he interpretado yo.
Ahora que están de moda los malos tratos… ¡perdón, perdón, no quería decir eso! Ahora que los malos tratos de siempre han pasado, al fin, a ser intolerables, inmorales, ilegales, etc., Ahora que se habla, al fin, de lo que era un silencio sangriento y triste, deberíais leer esto:
“Su prurito sexual había aumentado. Buscaba cada vez más a menudo y con más intensidad envilecerse a sí mismo y a su mujer. Volvió a arrastrarla a la tenebrosa esfera del odio. Despertó en ella instintos que después se volvieron contra él de manera atroz. En el fondo fue el impulso de su propio odio lo que más tarde ….(spoilers)..... Tenía que hurgar en el cuerpo de Elli, hacer brotar su sensualidad de todos los pliegues de su piel. Sentía la necesidad de devorarla en el sentido literal, físicamente. No eran simples palabras cuando, en un abrazo salvaje, le decía que quería sus excrementos, que tenía que comérselos, tragárselos. Estas escenas se producían en momentos de embriaguez, pero también en otros de sobriedad. Era, por una parte, autoflagelación, sumisión, mortificación, penitencia por su inferioridad y su maldad. Por otra, era un intento de curarse el sentimiento de inferioridad: eliminando lo que era superior. E, independientemente de eso, un deseo salvaje, y un furor sanguinario, ocultos en una ternura bestial.”
Impresionante, ¿verdad? A propósito, otro día tengo que hablar de la diferencia que existe entre comprender y justificar.
Jo, no estaría mal tener algún lector. Me lo estoy pasando bien.
19 Ene 2008
Las últimas voluntades del caballero Hawkins.
Por más que lo intento no consigo no sentirme un poco orgullosa de que Jesús del Campo sea de Gijón. Qué estupidez. Pero, inevitablemente, me alegra que haya crecido aquí. Humanos somos, y débiles...
Las últimas voluntades del caballero Hawkins es la primera novela suya que leo.
Es… (una palabra, una palabra, una palabra)…. elegante.
Jim ha crecido. Jim, el de
Es divertida la fanficción. O la metaficción, si nos ponemos así. Homenajes varios, juego, ¡acción!
Primero: es humano amar (eso dijo algún filósofo, creo). Todos amamos ficciones. Incluso la persona de granos y vello a la que amamos los que amamos a alguna no deja de ser una creación nuestra, ¿Por qué despreciar el amor que podemos sentir por alguien a quien jamás besaremos? ¿Qué se me dan a mí los años que tengan Paul Newman o Allan Bates? ¿Qué me importa que Pepe Isbert o Deborah Kerr estén muertos? Al fin y al cabo en este amor yo pongo casi todo de mi parte. Como en cualquier de andar por casa.
Se sigue: puedo –no sólo puedo; lo hago; lo hacemos, todos- amar no sólo mis creaciones, sino las de otros. Sabido es que nos enganchamos a una serie de la tele porque cogemos cariño a los personajes: queremos verlos otra vez, saber qué les ocurre luego, cómo se arreglan para salir de un aprieto o cómo, al fin, cierran los ojos al besar a otro personaje.
Se sigue, más allá: ¿Por qué tenemos que aceptar las decisiones despóticas de un autor? ¿Por qué respetar su autoridad? Una vez que ha nacido alguien, no tiene dueño. ¡Rebeldía! Si a Rowling le da por matar a Sirius, o a Dumbledore. ¿Quién me niega a mí el derecho a resucitarlos? O a Ulises. Perdemos la pista de quién es el padre biológico de Conan, o de Batman. Y Don Juan, el pobre... mal camino sigue llevando ese chico.
¿Existió alguna vez Jack el Destripador? Bah.
Podemos seguir más: podemos recuperar no sólo personajes, sino ¡mundos enteros!, luces, paisajes, casas. Me enamoro de la luz como de cualquier humano. O casi.
De Las últimas voluntades del caballero Hawkins me ha gustado todo. Recordaré quizá, más que nada, en adelante, el lugar: la posada del Almirante Benbow, su situación en medio del cielo y el mar, sobre un acantilado. Hay un poema de Ted Hughes sobre una casa que está sobre un acantilado que a lo mejor ha traducido Jesús del Campo porque dice en la solapa o en algún lado que también traduce. Y no es que la posada no estuviera en el mismo sitio ya en
Sólo recuerdo el primer verso:
This house has been far out at sea all night,
The woods crashing through darknerss, the booming hills...
Vaya. Recordaba dos.
¡Y me ha gustado Jim! Su manera de amar y no amar –tant amare tant amare, habibi; he hablado demasiado de amor en este episodio, me temo-, su amistad, sus sentimientos. Su voz. Una bella persona, que dicen algunas señoras a veces, de otros –sin un poco de vergüenza por decir algo así-. Como veis mis comentarios difícilmente pueden describirse como críticas, reseñas, ni ninguna cosa de ésas. Espero que no os moleste.
¡Leed, bellacos!
Y si hay algún humano o vida inteligente ahí que emita un Bip. Que somos del mismo pueblo.
Qué largo me ha quedado. Y con forma de salchicha. No puedo seguir así.
Sobre este blog
Tienda de voces
Estefanía G.Tengo ganas de escribir a mano.
Un día de éstos me voy a conseguir papel. Y un bolígrafo.
Como mínimo imprimiré algo.
Lo juro.
Algo que pese, aunque sea un gramo.
Mandaré una carta a alguien.
Eso estaría bien.
Tenía una letra bonita en el colegio.
Últimos comentarios
Mis tags
Buscar
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):






