Orhan Pamuk, Nieve


Si una novela es una obra en la que se entrecruzan la historia y el hombre, ésta, Nieve, es una muestra clarísima de que la novela está más viva que nunca.

Hacía mucho que no leía una novela tan ambiciosa, que abarcara todo: la sociedad, la historia, la política, el hombre, el amor, el arte, la soledad.

Soy una lectora sentimental, he de reconocerlo. Y no me avergüenzo. Me avergonzaría más ser una escritora sentimental, pero es que, dice Ka, el protagonista de Nieve:
“que un buen poeta sólo tiene que girar en torno a las poderosas verdades que encuentra ciertas pero en las que teme creer porque estropearían su poesía, y que es precisamente la música oculta de aquellos giros lo que forma su arte.”
Magnífico. Así pues, si cuando escribo huyo del sentimiento, de las pulsiones que más fuerza tienen en mi alma, porque me parecen basura y me avergüenzan, entonces… si algún día consiguiera ser una escritora, lo que se dice en serio, entonces, ese sentimiento estaría pulsando bajo mis palabras pero no sería intencionado, no sería el mensaje de esas palabras. Lo cual me gusta.
Porque así es Nieve, así son, creo yo, los grandes escritores: toda la humanidad –la grandeza y la miseria- mirando afuera.
Es una desgracia, pero los personajes son lo que me enamora de las obras de las que me enamoro. Es decir: si hablaba bien el otro día de Una investigación filosófica… no había allí ningún personaje que me hiciera estremecer, precisamente. Sin embargo aquí, en este pueblo aislado por la nieve, este copo habitado por personajes caricaturescos casi, este lugar demencial y real, onírico y prosaico, poético y político –uf-, hay gentes que me enamoran. Como Ka.
Ka es un personaje de ésos que a partir de ese momento utilizas para describir a otros. Un tipo extático, flipado con la belleza de todo, que no cesa de repetirse que no soporta tanta felicidad y que te hace llorar porque temes por él, al igual que él mismo teme por él porque es demasiada felicidad la que siente, y que despierta ternura, y simpatía. Una pena que poca gente más lo conozca. Así, no podré decir cuando hable de ciertas personas –no que haya conocido a muchas así, pero alguna ha habido- : “Sí, era un Ka adicto a las máquinas tragaperras” o “Sí, hombre, era todo un Ka”. Hasta es guapo, estoy segura.
Ah. Dije que era una desgracia que lo que más me guste sean los personajes, porque creo que si algún día consiguiera realizar esa proeza inalcanzable que es escribir una novela no conseguiría, de ningún modo, crear un personaje amable. Y a mí me gustaría que mi personaje fuera amable. Me gusta amar.

Bueno, qué. Nunca dije que no fuera a hablar de mí. Es el tipo de crítica –si crítica se puede llamar- que me gusta: la que se haga desde mi mí. Qué memé. Mimí.
Pero no sólo tiene a Ka, esta novela. A quien le guste la historia, a quien le guste la política, a quien le interese el Islam, cómo prende el integrismo, cómo prenden las mechas de la violencia, de la corrupción, del miedo, del vértigo. A quien le interese Turquía, fascinante país entre oriente y occidente, trágico, un caldo en que se cuece este mundo. A quien le interesen la integridad, el realismo, el fanatismo, el estupidismo… otra cita:
“-No basta con estar oprimido. Hay que tener razón. Y la mayoría de los oprimidos están equivocados hasta la estupidez. ¿En qué creemos?”
Lo siento pero este libro es un tesoro de citas. Va otra:
“Dios es lo bastante justo como para saber que el problema no es una cuestión de fe y lógica, sino de cómo se vive la vida entera.”

Escrito por: Estefanía G. 0 comentarios 15 Feb 2008 URL Permanente Tags: ,

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Tenía una letra bonita en el colegio.

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