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Opiniones a diestro y siniestro.


En Diario de un mal año, al hilo de una historia interesante de amor platónico entre un viejo escritor y una joven... sensual, diríamos, Coetzee va dejando caer, como flores, sus gotas de sabiduría.

En realidad creo que la historia no es más que una estratagema para que la narración nos impulse hacia delante y sigamos, finalmente, leyendo sus diatribas sobre todo lo habido y por haber. Diatribas que intentan ser polémicas.
No sé por qué estoy de mal humor. Al fin y al cabo no lo estaba, no tanto, mientras leía. ¡Ah, cierto! Me ponen de mal humor los escritores que dan su opinión sobre todo, no lo recordaba. Porque abunda mucho, en serio. Bukowski –vaya, vete a saber si un heredero muy vivo o un editor encontró un viejo cuaderno de notas y decidió publicarlo, pobrecito, él murió hace mucho- nos narra, finalmente, cómo se corta las uñas de los pies en su ancianidad; o fulano recoge todas sus columnas periodísticas y les pone un título bonito; mengano publica sus cuadernos de notas… (No me reconozco, qué mal humor. ¿No me funciona el prozac?)
No veo el interés de leer las opiniones de los narradores sobre política o sobre moral. No es su trabajo, y no es lo que busco. ¿Por qué no se toman la molestia, al menos, de hacer lo que se supone que saben hacer? Inventar historias, crear personajes y dramas que sean el mundo mismo, la vida misma en su existir. Y no es que no tengan derecho a hablar de lo que quieran y a hacer sus ensayos pero, desde luego, no tienen autoridad para exigir que esas opiniones sean tomadas más en serio que las de cualquier otro. Al menos a mí no me interesan. Prefiero leerme un tratado de moral o un ensayo filosófico. O que hagan un libro que se titule Ensayos.
Cualquier viejo escritor que ve acercarse la muerte, cualquier viejo que ve acercarse la muerte, me gusta, sea como sea, sea zurdo o diestro, alto o bajo, pero…
Vale. Que es Coetzee. Ya lo sé, coño. Pero tengo derecho a que me ponga de mal humor, ¿no? Me gustó Desgracia. Me encantó Desgracia. Y en Elisabeth Costello, aunque ya me irritó un poco, al menos desarrollaba su visión hasta un grado que te hacía replantearte –aunque fuera durante un breve plazo- ciertas cosas, como si comerme el ternerito que vi un día escaparse del camión, o como si es moral o no reflejar el mal. Eran menos temas y tratados con más profundidad.
Pero esta novela, no sé, me irrita aún más. Y no tengo claro por qué. Quizá porque no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dice… (hala, qué fiasco. ¿Sólo por eso? No, no creo que sea sólo por eso. De algún modo me ha parecido que no se ha esforzado lo suficiente. )
Sí, hay obras de grandes escritores que dan la sensación de hacerse utilizando las sobras. O las notas.

Escrito por: Estefanía G. 0 comentarios 17 Abr 2008 URL Permanente Tags: ,

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Tengo ganas de escribir a mano.
Un día de éstos me voy a conseguir papel. Y un bolígrafo.
Como mínimo imprimiré algo.
Lo juro.

Algo que pese, aunque sea un gramo.

Mandaré una carta a alguien.

Eso estaría bien.

Tenía una letra bonita en el colegio.

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