Las últimas voluntades del caballero Hawkins.
Por más que lo intento no consigo no sentirme un poco orgullosa de que Jesús del Campo sea de Gijón. Qué estupidez. Pero, inevitablemente, me alegra que haya crecido aquí. Humanos somos, y débiles...
Las últimas voluntades del caballero Hawkins es la primera novela suya que leo.
Es… (una palabra, una palabra, una palabra)…. elegante.
Jim ha crecido. Jim, el de
Es divertida la fanficción. O la metaficción, si nos ponemos así. Homenajes varios, juego, ¡acción!
Primero: es humano amar (eso dijo algún filósofo, creo). Todos amamos ficciones. Incluso la persona de granos y vello a la que amamos los que amamos a alguna no deja de ser una creación nuestra, ¿Por qué despreciar el amor que podemos sentir por alguien a quien jamás besaremos? ¿Qué se me dan a mí los años que tengan Paul Newman o Allan Bates? ¿Qué me importa que Pepe Isbert o Deborah Kerr estén muertos? Al fin y al cabo en este amor yo pongo casi todo de mi parte. Como en cualquier de andar por casa.
Se sigue: puedo –no sólo puedo; lo hago; lo hacemos, todos- amar no sólo mis creaciones, sino las de otros. Sabido es que nos enganchamos a una serie de la tele porque cogemos cariño a los personajes: queremos verlos otra vez, saber qué les ocurre luego, cómo se arreglan para salir de un aprieto o cómo, al fin, cierran los ojos al besar a otro personaje.
Se sigue, más allá: ¿Por qué tenemos que aceptar las decisiones despóticas de un autor? ¿Por qué respetar su autoridad? Una vez que ha nacido alguien, no tiene dueño. ¡Rebeldía! Si a Rowling le da por matar a Sirius, o a Dumbledore. ¿Quién me niega a mí el derecho a resucitarlos? O a Ulises. Perdemos la pista de quién es el padre biológico de Conan, o de Batman. Y Don Juan, el pobre... mal camino sigue llevando ese chico.
¿Existió alguna vez Jack el Destripador? Bah.
Podemos seguir más: podemos recuperar no sólo personajes, sino ¡mundos enteros!, luces, paisajes, casas. Me enamoro de la luz como de cualquier humano. O casi.
De Las últimas voluntades del caballero Hawkins me ha gustado todo. Recordaré quizá, más que nada, en adelante, el lugar: la posada del Almirante Benbow, su situación en medio del cielo y el mar, sobre un acantilado. Hay un poema de Ted Hughes sobre una casa que está sobre un acantilado que a lo mejor ha traducido Jesús del Campo porque dice en la solapa o en algún lado que también traduce. Y no es que la posada no estuviera en el mismo sitio ya en
Sólo recuerdo el primer verso:
This house has been far out at sea all night,
The woods crashing through darknerss, the booming hills...
Vaya. Recordaba dos.
¡Y me ha gustado Jim! Su manera de amar y no amar –tant amare tant amare, habibi; he hablado demasiado de amor en este episodio, me temo-, su amistad, sus sentimientos. Su voz. Una bella persona, que dicen algunas señoras a veces, de otros –sin un poco de vergüenza por decir algo así-. Como veis mis comentarios difícilmente pueden describirse como críticas, reseñas, ni ninguna cosa de ésas. Espero que no os moleste.
¡Leed, bellacos!
Y si hay algún humano o vida inteligente ahí que emita un Bip. Que somos del mismo pueblo.
Qué largo me ha quedado. Y con forma de salchicha. No puedo seguir así.
Sobre este blog
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Estefanía G.Tengo ganas de escribir a mano.
Un día de éstos me voy a conseguir papel. Y un bolígrafo.
Como mínimo imprimiré algo.
Lo juro.
Algo que pese, aunque sea un gramo.
Mandaré una carta a alguien.
Eso estaría bien.
Tenía una letra bonita en el colegio.
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