Desde Amman
Uno de los motivos por los que me gustan los árabes -y seguro que el más estúpido de todos- es porque dejan, casi obligan, a fumar en cada esquina con esa santa paciencia que Ala les ha dado. Los adictos nos sentimos como en casa en un lugar donde el policía que debería obligarte a cumplir la prohibición de fumar en el aeropuerto, además te pide fuego. El tiempo pasa, nos vamos haciendo viejos, como cantaba Pablo Milanés, cuando uno se sorprende a sí mismo diciéndole al policía que cuando yo era más joven en España, también se fumaba en todas partes.
Mientras otro policía que tampoco habla mucho inglés me aburre con preguntas estúpidas sabiendo que va a dejarme pasar, yo me fijo en su bigote estilo Village People. Mi colección de visados y sellos en el pasaporte al menos sirve para entretener a alguien.
He entrado y salido de Jordania 5 veces en siete meses. Las fechas además, resultan extrañas. Me preguntan por qué y la respuesta no tiene ningún interés ni despierta ninguna sospecha. La última vez que salí de Amman con dirección a España, los policías se sorprendieron al descubrir en mi mochila una gran bandera de Hezbollah. "Souvenir de Líbano" dije. No les gustó mucho y pensé que quizás me la requisarían. No fue así y podré recordar para siempre las ruinas de Sidequine, uno de los muchos pueblos libaneses prácticamente borrados por Israel de la faz de la tierra que visité el verano pasado. Anécdotas aparte, "Welcome to Jordan"
Amman ha sido muchas veces un hotel que está a 35 minutos de taxi con música árabe a todo volumen, la ventanilla bajada, el frío del desierto por la noche, (los aviones siempre me han traído a Amman de madrugada) un taxista que no habla una palabra de inglés, un pasajero que no habla una palabra de árabe. "Al Amman Cham", "Al Toledo Hotel". Lugares fáciles de identificar. En esta ocasión tengo que preguntarle por Shmesani, Embajada de Libia, y luego buscar mi particular "casa de Italia" en Amman, una ciudad donde las calles no tienen nombre.
En Amman, también, además de los hoteles poco interesantes guardo mucho mejor recuerdo de la casa-oficina -"Casa de huéspedes", como ellos mismos la definen - de la ONG italiana UPP (Un Ponte Per). En julio de 2006, por trabajo, conocí allí a los italianos Stefano Ellero, Simona Torreta y al responsable de todo esto, Ismaeel Dawood. Recuerdo el café, la charla y la cena. Al día siguiente emprendía viaje a Palestina. Ante la posibilidad de que me fuese denegada la entrada debido a ciertos documentales realizados que no han sido del gusto de las autoridades israelíes, se ofrecieron a acogerme en Amman si me veía obligado a volver. Dicho y hecho. Entrada denegada en el Puente Allenby, brazos abiertos, habitación y algo de Ron para charlar hasta las tantas.
Pasé con ellos una intensa semana. Mientras seguíamos por televisión los bombardeos sobre Líbano, era testigo de cómo se movilizaban para conseguir dinero que enviar a los campos de refugiados Beirut y trataba de conseguir
un visado para poder atravesar Siria y llegar hasta la guerra. Toda otra historia.
Amman es entonces, recontando, la casa de mis amigos italianos, una trattoria que queda a dos calles del hotel Amman Cham para cenar en un escenario diferente, y básicamente el lugar donde quienes no pueden entrar ni a Palestina o a Irak nos reunimos con los palestinos y los iraquíes. Es la ciudad donde sentarse a beber té y fumar argile por las noches, tratando de conocer las historias de nuestros amigos de primera mano y compartir con ellos nuestras vidas.
Ismaeel Dawood es mi referente, con todos sus defectos virtudes. Me pone especialmente nervioso que no contesta a los correos electrónicos. Pero una vez que nos sentamos con la botella de Ron que ritualmente llevo cada vez que viajo a Amman
todo fluye con una hospitalidad que en Europa comenzamos a olvidar. El color de su piel me cautiva. Su piel es sana. Ismaeel parece sano, física y mentalmente. De tez morena, siempre acompañada por una cuidada barba de tres días poblada de canas que no se corresponden con su edad. Un bigote que sobresale sobre la barba y contrasta con sus modos suaves, casi adolescentes, tildados de cortesía y tradición.
Ismaeel es coordinador desde Amman de la ONG con sede en Bagdad, Al Mesalla: Un grupo de iraquíes apoyados básicamente por la ONG italiana UPP y la catalana NOVA que trata desde hace al menos dos años de organizar actividades en torno a la noviolencia tanto en el interior de Iraq como en Amman. Ismaeel y Simona son mis anfitriones en esta ocasión. Con ellos me sentaré a estudiar qué es lo que está sucediendo, cómo organizar las actividades que tendrán lugar la primera semana de Mayo, la oportunidad de viajar a cubrirlas desde Bagdad, tal y como he decidido de antemano, o la precaución de limitarme a seguirles por el Kurdistán, o la provincia de Basora, zonas mucho más seguras, y la opción en la que ellos insisten. Simona, literalmente, trata de aterrorizarme. Sabe de lo que habla y la escucho. Pero sólo eso. Escucho. La decisión está tomada. Sólo depende ya de visados y dinero. Es caro entrar a Bagdad.
Desde el principio, desde que hace exactamente un año, en mayo de 2006 conocí la "Semana iraquí contra la violencia" decidí que cubriría la segunda de sus semanas noviolentas en Bagdad. Tan excepcional me parecía que, pese a la situación,desarrollasen esta campaña.
Desde el primer día supe que quería estar allí. Toma de contacto, acercamiento, sondeo, organización... tras haber participado en actividades noviolentas en Palestina y en el Líbano, Irak es el siguiente alto en mi camino. He dicho antes que depende de visado y dinero. No es del todo cierto. Depende también de la coherencia con la cual he querido plantear el documental. Ser uno de ellos,
aunque sea por un período corto de tiempo. Correr su suerte. No quiero limitarme a recoger lo que hacen, que también, sino que quiero hacerlo con ellos.
Llegar a Bagdad implica grabar sus actividades pero necesita de su colaboración. Si viajase allí por mi cuenta prácticamente no podría salir del hotel. La clave de este viaje y de este documental radica en que ellos se comprometan conmigo como yo quiero comprometerme con ellos y me permitan alojarme en sus casas durante varios días. El debate abierto radica en conocer el riesgo que eso acarreraria para ellos. Simona me contaba ayer el debate en torno al secuestro de Mastrogiacomo, el periodista italiano en Afganistan. El se ha salvado. No asi su conductor y su chofer.
Es muy peligroso. Mucho más de lo que la mayoría puede imaginarse. Vivir esos días los riesgos que ellos viven a diario, los cortes de elctricidad, el toque de queda, el miedo a los disparos, a que alguién tire la puerta bajo, a despertarse por la mañana con una nota bajo la puerta que da 24 horas para abandonar la vivienda, vivir su realidad con todas las consecuencias marcará que el documental cuente algo nuevo y diferente o no. Quedarme en un hotel en la zona verde y salir media hora con un conductor que cobra cientos de dólares por llevarme de un sitio a otro no es algo que deba hacer yo, para eso ya están los profesionales, los que no necesitan jugársela para que alguien les publique y les vea, los que han demostrado su profesionalidad con constancia y siguiendo las reglas del juego. Los respeto, e incluso los admiro. Pero mi intención es diferente, el debate constante entre romper la línea que separa información y participación. Si se acepta empotrarse con las tropas ocupantes, debería aceptarse también empotrarse con los civiles. No sé si los riesgos son mayores de un lado u otro. Definitivamente la intención y el resultado sí son diferentes.
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Sobre este blog
Diario de un rodaje documental en el kurdistan ira
albarceCamino de Bagdad, capital mundial de la violencia, con un objetivo claro: grabar y escribir en torno a la semana iraquí de la noviolencia que se celebrará en la capital iraquí durante la primera semana de mayo.
La ONG Al Mesalla a través de sus miembros sunitas, chiítas y kurdos decide dar un paso adelante contra la espiral de violencia que destruye su país y convoca una serie de actividades para reclamar a sus conciudadanos nuevas vías de resolución de conflictos.
No todos los iraquíes pertenecen o apoyan a la resistencia armada, las milicias sectarias o los grupos de delincuencia común. Bagdad y sus habitantes sobreviven sin que apenas ningún medio se haga eco de las iniciativas de la sociedad civeil que buscan superar la guerra en la que se encuentran inmersos.
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