como siempre, las dudas...
En realidad el documentalista es un ladrón que busca que lo robado parezca compartido. El director volverá a su casa, compartirá un fernet branca en su bar de siempre con dos historias nuevas de las que a los demás les gusta escuchar y que en realidad nunca podrá transmitir en su totalidad porque se le han quedado en la retina. Tres semanas de convivencia, una de grabación, 30 horas de las que se verán 90 minutos como mucho. Semanas de convivencia con personas a las que convertimos en personajes para que miles de espectadores, con suerte, les den cinco minutos antes de cambiar de canal. No se si tengo derecho a saltar dentro de las comidas, en el descanso, en el trabajo, en la calle e introducir una cámara a 40 centímetros de una persona, un micro en su solapa que graba todo lo que dice y considerarme su amigo cuando ambos sabemos que le he conocido con el objetivo de grabarle y que una vez cumplido mi objetivo, regresare a mi cómoda ciudad europea y el se quedara aquí, en Irak.
La honestidad puede tratar de conseguirse con mayor o menor sinceridad, pero el documental es algo profundamente egoísta. Me digo a mismo que les estoy robando el espacio, que me inmiscuyo en sus vidas y rompo la intimidad que generamos como amigos con la intención de que su proyecto se conozca y consiga apoyos del exterior. Sinceramente lo creo. Pero es difícil no creerse a uno mismo y eso no impide que uno este equivocado ni soluciona el egoísmo.
Por primera vez me encuentro ante una persona que puede sincerarse ante mí y no acabo de asumir en mi interior el registro en el que enmarcarlo. Creo que sabré traducirlo en imágenes y narración. No se si seré capaz de sentirme bien después de haberlo hecho. Tiene que servirle a el, tiene que serle útil a aquello en lo que el cree. Si hago un documental tiene que ser por ese motivo, exclusivamente por la utilidad que puede reportarle a quien aparece representado. Otro tipo de cosas ya las hacen mejor los profesionales.
Sobre este blog
Diario de un rodaje documental en el kurdistan ira
albarceCamino de Bagdad, capital mundial de la violencia, con un objetivo claro: grabar y escribir en torno a la semana iraquí de la noviolencia que se celebrará en la capital iraquí durante la primera semana de mayo.
La ONG Al Mesalla a través de sus miembros sunitas, chiítas y kurdos decide dar un paso adelante contra la espiral de violencia que destruye su país y convoca una serie de actividades para reclamar a sus conciudadanos nuevas vías de resolución de conflictos.
No todos los iraquíes pertenecen o apoyan a la resistencia armada, las milicias sectarias o los grupos de delincuencia común. Bagdad y sus habitantes sobreviven sin que apenas ningún medio se haga eco de las iniciativas de la sociedad civeil que buscan superar la guerra en la que se encuentran inmersos.
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